Clavé mis ojos en los suyos y escuché mi voz por primera vez.
-Te amo -le dije pero sonó como si lo hubiera cantado. Mi voz repicaba y resplandecía como la de una campana.
Su sonrisa en respuesta me encandiló mucho mas que cuando era humana, porque ahora podía verle de verdad.
-Como yo a ti -contestó él.
Tomó mi rostro entre sus manos e inclinó el suyo hacia el mío, con la lentitud suficiente para recordarme que debía tener cuidado. Me besó, con la suavidad de un suspiro al principio y después con una fuerza repentina, con fiereza. Intenté recordar que debía ser cuidadosa con él pero era un trabajo muy duro para hacer memoria de nada bajo el asalto de la sensación, muy difícil mantener ningún tipo depensamiento coherente.
Era como si no me hubiera besado nunca antes, como si fuera nuestro primer beso. Y la verdad era que jamás me había besado así.
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